An organizing principle

What editors want is to have that chaos organized in a fashion that can be presented in a periodical publication. All periodical publications are similarly engaged in this artifice: The New York Times tells you everyday that it contains all the news that is fit to print, and we all know that isn’t true. It can’t be true. But to The New York Times’ credit, they’re out there with the artifice telling you on the front page, “This is what you’re buying here.” You are buying an organizing principle. The world is full of stuff that happened yesterday, much of which is unknown, much of which no one can make any sense out of. But this thing you hold in your hands attempts to make some sense out of it. And of course, dismally fails, as all journalistic analysis ultimately fails, but it at least gives you the comfort of a kind of organization to impose on it.

Michael Kelly, The Art of Making Magazines.

Concebir la felicidad bajo una forma que no sea el buen humor

El paseante se dijo: «[…] Hasta ahora he vivido como me parecía justo y razonable hacerlo, y no me asusta la posibilidad de que me demuestren que he estado equivocado, pues con todo derecho digo: errar es humano. Veo, no obstante, que es hermoso adaptarse a algún ideal noble y moderar la alegría de vivir para dar cumplimiento a ciertas tareas, concebir la felicidad también bajo una forma que no sea el buen humor, y no pasar a depender de este último temiendo por él a cada hora o preocupándose por conservarlo: no, más bien dejándolo al descubierto, sacrificar la propia dicha y, quizá por eso mismo, recuperarla».

Admitió, según se ve, que todavía le faltaba discernimiento, pero se atribuyó capacidad de ejecución.

Robert Walser, Paseo dominical (I).

Ser un hombre y pasear le parecía tan hermoso

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Era domingo y un hombre salió a dar una vuelta. Mientras caminaba iba saboreando unas estampas que había visto expuestas en algún lugar y momento, y unos poemas cuyo texto se le había quedado en la memoria.

—Buenos días —le dijo alguien en tono serio y circunspecto, aunque amable pese a todo—: ¿Cuándo saldrá por fin tu nuevo libro?

—Paciencia —replicó el interpelado, y añadió que ser un hombre y pasear le parecía tan hermoso como estar sentado a un escritorio y vender con éxito sus libros.

Robert Walser, Paseo dominical (I).

I’m interested in the production of mood

You’re *always* in a space. There’s no time when you’re not. And there’s always some sort of atmosphere or mood. So I’m interested in the production of mood. Space does that particularly well. Music does it better. You adjust your mood throughout the day based on the music you choose to listen to. When you’re thinking about an object, you’re isolating it. You’re sort of destroying the potential for mood. You’re paying close attention to it and the point of mood is that you actually don’t notice it. It’s happening without you being aware.

Rafael de Cárdenas, interior and furniture designer. Apartamento Magazine, issue #08, Autumn/Winter 2011-12.

Lo intangible de la fotografía digital versus la permanencia de la pintura

El pintor alemán Norbert Bisky es entrevistado en la tercera edición de la revista The Travel Almanac:

What happens with these pictures that I take? They lie around on some memory card. You buy a new, empty card, the old one lies around somewhere, and I never look at the old photos. Which is why I take fewer and fewer pictures the older I get. Instead, I try to “experience” or “see” something, which is much more interesting than something to download. What I experience and see gets worked out in my paintings. A sense of orientation does not inhere in a photograph.

There have never been as many photographers as there are today… but they will all disappear. These photographs don’t exist; they swirl around in an electronic space, and ten years from now no one will know how to open, let alone archive, these files. Or it rains and your memory card dies. And so on and so forth. My faith in “good old” painting is only reinforced by such observations. Let it rain—an oil painting will still survive.

[A painting] lasts for at least four hundreds years, yes. Then it could be that a corner gets a few scratches or that the paint cracks, but those problems are fixed by a good restorer.

Carlos Fuentes y la inteligencia

Carlos Fuentes escribe sobre la inteligencia y sobre su infancia en la década de los treintas en Washington:

Mexico, the imaginary country, dreamed of a painful past; the United States, the real country, dreamed of a happy future.

The French equate intelligence with rational discourse, the Russians with intense soul-searching. For a Mexican, intelligence is inseparable from maliciousness —in this, as in many other things, we are quite Italian: fuberia, roguish slyness, and the cult of appearances, la bella figura, are Italianate traits present everywhere in Latin America: Rome, more than Madrid, is our spiritual capital in this sense.

For me, as a child, the United States seemed a world where intelligence was equated with energy, zest, enthusiasm. The North American world blinds us with its energy; we cannot see ourselves, we must see you. The United Stated is a world full of cheerleaders, prize-giving, singin’ in the rain: the baton twirler, the Oscar awards, the musical comedies cannot be repeated elsewhere; in Mexico, the Hollywood statuette would come dipped in poisoned paint; in France, Gene Kelly would constantly stop in his steps to reflect: Je dance, donc je suis.

The United States was a country where things worked, where nothing ever broke down: trains, plumbing, roads, punctuality, personal security seemed to function perfectly, at least at the eye level of a young Mexican diplomat’s son.

Sierra Norte de Puebla: el recorrido y las fotografías

Sierra Norte de Puebla fotografías

La carretera de Puebla a Cuetzalan, sobre todo la primera mitad, es un recorrido de paisajes vastos e inéditos, casi capadócicos. Al llegar a Cuetzalan, lo que más sorprende es la franqueza en el uso del material: la piedra gris con la que están hechas las calles, las banquetas y los muros crea una sensación de identidad instantánea. La presencia indígena es muy fuerte, sobre todo durante el mercado dominical, que comienza desde la víspera. Es un pueblo lejano; conserva todavía ese carácter exótico que vi en unos carteles viejos de los sesentas, colgados en un hotel, en donde todo el misticismo de México se anunciaba con una serigrafía que firmaba Cuetzalan · Mexique.

La carretera de Cuetzalan a Zacatlán de las Manzanas hay que recorrerla por la mañana, para poder ver la sierra y apreciar bien los colores y olores del verde. Sin ninguna parada, serían unas tres horas de viaje en auto, pero uno debe detenerse varias veces, en un pueblo, en un arroyo o en una intersección desolada. Xochitlán está en esa carretera, y es el México de hace cien años. En un domingo cualquiera se pueden ver a los borrachos en las tiendas y cantinas como en las fotos de la Revolución, y a los jóvenes del pueblo esconderse con sus novias en los recovecos de los muros de las iglesias.

Zacatlán de las Manzanas es un pueblo feo con dulces, panes y alrededores que merecen una visita.

Aquí las fotografías del recorrido. Aquí una edición condensada.