Estanque de agua

Fuimos a ver el celebrado estanque de Casasano, el más grande y hermoso que existe en esta región. Su agua es tan pura que, no obstante una profundidad de treinta pies, pueden distinguirse en lo más hondo las briznas de hierba. Y hasta un alfiler, caído sobre las piedras que están bajo el agua, se ve brillar con toda claridad. Un muro de piedra, al nivel del agua, de treinta pies de altura, le rodea en forma de óvalo, y sobre cuyo borde me atreví a darle la vuelta acompañada de nuestro anfitrión que iba detrás de mí. Un resbalón ofrecía dos alternativas: de un lado ahogarse y del otro lado quebrarse la nuca. ¡Qué hermosura de agua: un espejo perfecto, con largas y verdes plantas como plumas en el fondo!

Madame Calderón de la Barca, 1840, La vida en México —Carta XXXIV.