Ser un hombre y pasear le parecía tan hermoso

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Era domingo y un hombre salió a dar una vuelta. Mientras caminaba iba saboreando unas estampas que había visto expuestas en algún lugar y momento, y unos poemas cuyo texto se le había quedado en la memoria.

—Buenos días —le dijo alguien en tono serio y circunspecto, aunque amable pese a todo—: ¿Cuándo saldrá por fin tu nuevo libro?

—Paciencia —replicó el interpelado, y añadió que ser un hombre y pasear le parecía tan hermoso como estar sentado a un escritorio y vender con éxito sus libros.

Robert Walser, Paseo dominical (I).