Buenos Aires 2012: observaciones, recomendaciones y fotografías

Buenos Aires Argentina

Buenos Aires cambia rápidamente. El extranjero se descubre cambiado la segunda o la tercera vez en París; pero en Buenos Aires, además de encontrarse distinto, más viejo, encuentra una ciudad y una sociedad distintas. Esto hace imposible cualquier intento de continuidad narrativa o de conexión: no es más el Buenos Aires de un recuerdo; los edificios blancos parecen los mismos, pero sólo las fachadas permanecen.

Cinco observaciones de Buenos Aires, en marzo del dos mil doce:

1. Buenos Aires es, hoy, más latinoamérica que Europa. Nunca ha sido ninguna de las dos, pero hoy es más la primera que la segunda.

2. La conciencia de Buenos Aires está más contrastada que hace cinco, diez, quince años; tiene más dueños. Es decir, es menos sutil e íntima; tiene menos gracia que antes.

3. Si a México le sobra idiosincrasia (e idiosincrasias), Buenos Aires desborda imaginaciones. Si en Estados Unidos la sociedad y las normas invisibles se hacen visibles (al latinoamericano), en la capital argentina la imaginación se desborda impetuosamente por sus orillas.

4. Los rioplatenses se ven claramente desde afuera. Son y se ven. Son pero pueden verse, como si fueran otro. Uno se convierte en dos. Creo que es una peculiaridad única en América latina. Tienen, pues, una gran conciencia de sí mismos: se ven dentro de circunstancias, se imaginan fácilmente otras, en otras; las discuten.

5. Buenos Aires en decadencia: por las calles salen olores de ultratumba, de todos los edificios cae agua y todas las bolsas de basura son rasgadas por las noches, invadiendo todas las banquetas.

Tres recomendaciones de Buenos Aires para el siguiente visitante:

1. Buenos Aires conserva parte de su esencia en viejas y grandes librerías. Es el destino para quien esté formando su biblioteca, de veinticinco libros o de seiscientos. Requiere paciencia y varios días pero las satisfacciones son muchas.

2. Tomar café en las mañanas con los locales, en el café del barrio. Leer el diario mientras el mesero, el señor que va diario y la viejita que va entrando discuten cualquier cosa como en una sobremesa familiar. Ver cómo pasan las hojas del diario con saliva. Ver a los viejos leerlo como si leyeran su futuro y el futuro. Observarles leer los encabezados con los ojos, y los artículos con los labios.

3. Ir a lugares públicos a escuchar conversaciones ajenas. Sacar conclusiones.

Buenos Aires, Argentina

Buenos Aires me dio la imagen y las escenas de una cotidianidad que transcurre al mismo tiempo que la mía, sin que tenga que verla para que suceda. Ahora mismo puedo imaginar cómo la luz brilla en las espaldas de las mujeres que caminan (y caminaron) por los barrios de la ciudad en este momento en que no estoy ahí (igual que cuando estaba yo ahí y pude verlo).

Eso que se llama extranjero y que es ser un extraño en otra normalidad. Ser el único no local y portar esa conciencia, con las características inusuales que otorga.

Una calle, una ventana, un bar. Perspectiva. Un momento al caer la tarde de los primeros días de otoño. No debería estar viendo esto. A los que veo no tienen conciencia de que los veo. No se imaginan que alguien en México pueda imaginar esta escena cuando recuerde Buenos Aires. Un clip de una ciudad. Los chicos adolescentes que salen de la escuela y se dirigen a casa vestidos de deportes, conversando. Se enciende el alumbrado público; los autos comienzan a prender sus faros. Ese Buenos Aires de cuando eran ensimismados y no querían saber nada de nadie y nadie se interesaba en saber nada de ellos. Misterio. Argentina es el único país que podía ser así. Viendo hacia la nada. Siendo ellos. Y no es más así, excepto tal vez en los adolescentes y algunos viejos.

La paleta de color de Buenos Aires, Argentina

Sobre las fotografías y Buenos Aires:

1. No hay una distancia focal para Buenos Aires: cualquier lente resulta ser el incorrecto. Esto es un defecto de la óptica, no de la ciudad.

2. La manera más recomendable de pasear por Buenos Aires es no llevar nada en los bolsillos y no llevar ningún dispositivo de memoria, ni siquiera una cámara fotográfica.

3. La cámara impide observar, por lo tanto pensar.

4. Aquí las fotografías.