Extraños de Buenos Aires

Extraños, Buenos Aires, Argentina

1. Después de escuchar historietas terribles de robos de cámaras en Buenos Aires, decidí llevar una cámara compacta que casi puede pasar desapercibida y se puede colgar del cuello.

2. Buenos Aires no es como Nueva York, en donde ocho de cada 10 traen una cámara, ni como Copenhage, en donde puedes hacer con la cámara lo que quieras y nadie voltea a verte. En Buenos Aires apuntas con la cámara a lo que sea y todos voltean a verte diciendo «¿qué hacé ese pelotudo con la cámara?».

3. Buenos Aires difícilmente es una ciudad de maravillas sobrecogedoras; lo que la hace especial, más bien, son esos rasgos cotidianos y peculiares, desconocidos para mí.

4. Fotografié secretamente mil quinientos extraños caminando por las calles de la ciudad porque, después de lo anterior, era lo que me quedaba para fotografiar. No lo decidí antes del viaje, ni siquiera al llegar. Comencé con el ejercicio, ocioso, cuando ya llevaba unos días ahí. Una pequeña selección de esas fotos puede verse en este álbum. En una de esas fotos salgo yo, sin querer.

Son fotografías, todas, con muchos errores, técnicos y de composición. La luz está mal, la exposición está mal, el foco, el encuadre, el timing. La mayoría va en contra de todas las reglas de un retrato. Pero hay algo que las une: la sensación de azar y accidente.

Observo varias cosas al hacer la edición. Hay mucho negro (sobre todo en la ropa). Hay mucho blanco. Hay mucho contraste de color en las fachadas. Las manos de las mujeres envejecen mucho (se deforman). Hay algunos hombres vestidos de mujer. Las velocidades combinadas del peatón y yo caminando en sentido contrario desfavorecen a las fotos clandestinas. La ruta nunca se modificó para favorecer los retratos. Los que caminaban conmigo difícilmente se enteraban que yo estaba fotografiando. Las señoras agarran su bolsa al frente con mucha fuerza. La exposición de la cara —aunque ocupe el 2% del área de la fotografía— dicta la exposición del otro 98%. Es casi seguro que fotografié a más de una persona más de una vez en días diferentes. Los detalles que ahora más aprecio los descubrí en la posproducción (no mientras las tomaba). Y, por último, los niños, los adolescentes y los viejos parecen ser los únicos que tienen sosiego.

Claudia dijo que en estas fotografías la ciudad se apreciaba muy bien, algo que yo no había visto ni pensado (el objetivo era los extraños, no la ciudad). También descubrió a varias personas hablando solas y analizó a otras sólo por la expresiones faciales: de estas fotos azarosas —simples, sin intención, nada complejas— se pueden destilar historias tan complejas —todo menos simples.