Diccionario personal de Chiquitos (Bolivia)

Las fotografías no pueden contarlo. No he escuchado de otra región en donde se pueda observar con claridad, hoy, lo que sólo había leído en libros: los aspectos socioculturales y urbanos de la colonización europea y la evangelización en América Latina. En Chiquitos, la región más oriental de Bolivia, se pueden encontrar los rasgos, muchos todavía vivos, de esa transculturalización (y no un simple mestizaje) que –al menos yo– creía extinta.

Chiquitos, Bolivia

Chiquitos, Bolivia

Anacronía: exquisita; abundante; absolutamente memorable.

Bolivia: un país dividido por la contrastante geografía: los altiplánicos versus los vallistas, los del este contra los del oeste. Divididos por la economía, la política, el color de piel. Un país con tres capitales, cada una con una forma distinta de pensar. Es, seguramente, el país más pobre de América continental; también el que posee los escenarios más inesperados.

Caminos: no hay carreteras, sólo caminos de tierra. Son anchos y muy disparejos, por lo que no se puede ir rápido. Las distancias entre los pueblos son relativamente cortas pero los tiempos de recorrido consumen casi todo el día. El paisaje es interesante pero, después de varias horas, monótono.

Chiquitos, Bolivia

Chiquitos, Bolivia

Cerveza: declaramos que la Paceña es la mejor cerveza del mundo. Al menos la de este lado del mundo.

Concepción: el pueblo que más disfruté. Su escuela de oficios, quitando las máquinas eléctricas que ahora se usan, da una idea clarísima de los oficios que los monjes enseñaron a los indígenas después de la conquista y la forma en que lo llevaron a cabo.

Chiquitos: región extremadamente remota al este del país, casi en la frontera con Brasil. El nombre se le dio porque los pobladores que encontraron los españoles construían sus chozas con entradas diminutas, a ras del suelo (para poder atacar a un intruso que entrara); pensaron entonces que era una región habitada por gente «chiquita».

Futuro: el futuro, como el pasado, parece algo irreal aquí; no puede asirse del todo. El futuro es igual al presente.

Golosinas: no hay tiendas de golosinas, y las que se pueden encontrar son pocas y furtivas (buscar en las puertas de las escuelas durante la entrada y salida). No se usa el azúcar en casi nada.

Hans Roth: arquitecto suizo, del pueblo de Zug, quien restauró las iglesias a finales del siglo 20 y se convirtió en el ídolo más grande de los chiquitanos actuales. En el proceso, encontró cinco mil hojas de partituras del siglo 17, algunas de las cuales ahora se tocan en festivales.

El Hans Roth chiquitano y el suizo

El Hans Roth chiquitano y el suizo

Historia: este es un viaje que le gustaría mucho a un historiador pues es un viaje en el tiempo. Los chiquitanos parecen entender su historia como ficción, como una serie de leyendas.

Internet: sin internet los días de viaje son más largos y misteriosos. Me gusta olvidarme de nombres, lugares, textos… Olvidando todo eso puedo sentir cómo se extiende y cómo dura el presente. Sin internet, los días pierden rigidez y el tiempo pierde estructura. El internet es, pues, una especie de conciencia del tiempo.

Límite: si en Cracovia exploré los límites del frío y en Salvador exploré los límites del calor, en Chiquitos exploré el límite de lo remoto. Todos esos límites han sido devastadores físicamente y mentalmente.

Maderas: preciosas, tropicales; de colores inusuales: olivo, mamey, luz de luna, tierra gris, etc. La mayoría son muy duras con poco olor. Toda la arquitectura de la región se sustenta en madera.

Misiones: las misiones, como asentamientos para la evangelización sistemática pero humanística, son el resultado de ideas utópicas de la filosofía de los jesuitas: realizar la «Ciudad de Dios» en la tierra. «Chiquitos es una forma de vivir, de ser y sentir; un mundo de cultura sublime [...] que se desarrolla en perfecta fusión con su contexto de naturaleza exuberante». Las misiones, como iglesias y espacios urbanos, fueron construidas por el arquitecto Martín Schmidt, del pueblo de Zug, entre 1691 y 1760. Son las únicas misiones jesuitas en sudamérica que no fueron destruidas después de la expulsión de los jesuitas. Representaban un poder, pero sobre todo una forma de pensar, un centro que unía civilmente a la población.

Urbanización original, la «ciudad de Dios»

Urbanización original, la «ciudad de Dios»

Microclima: se llama bosque seco chiquitano. Es un clima literario, de novela. La claridad es totalmente irreal (mayo y junio son los mejores meses para verla). La calidad de la luz a veces parece submarina.

Música: forma de evangelización antigua y también actual, sobre todo con niños (música barroca).

Naturaleza: nunca he estado en África pero los paisajes, colores, árboles, calidad de luz, transparencia y visibilidad de la región me parecen idénticos a ciertos parajes que algún día veré en África.

Niñez: hay muchos niños y muchas escuelas. Todos se ven saludables y contentos.

Pasado: el pasado, en esta región, tiene un carácter irreal, de fábula. No hay distinción entre eras o tiempos, sólo entre personajes e ideas. No existe la cualidad de verdadero o falso, sólo la existencial. Parece que todo el pasado se remonta a una sola época: «pasado».

San Rafael, uno de los pueblos chiquitanos

San Rafael, uno de los pueblos chiquitanos

Riqueza: al menos dentro de los pueblos, el clero parece ser todavía quien posee mayor riqueza (en forma de bienes, dinero, conocimiento y transmisión del conocimiento).

San Ignacio: pueblo de la Chiquitanía que cuenta con un bar que tiene adentro un auto con la cajuela abierta (funciona como mesa).

Tierra: es de color rojo, intensa, muy fina y se adhiere a todo. Tiene una gran presencia en el paisaje y hace palidecer –aunque contrasta con– el verde del bosque.

Transporte: la motocicleta es el medio más común pues los pueblos son pequeños. Los niños usan la bicicleta. No hay muchos autos. Se pueden ver camionetas del Brasil; se reconocen porque casi todas son nuevas.

Turismo: en 1996 llegaron 12 mil turistas; en 2004, 70 mil. Sobre todo durante la época de conciertos.

Viaje: quien va a Chiquitos va hacia el pasado, no a un pasado imaginario, de ensueño o más atrasado sino a un pasado real, que vive y puede ser observado simplemente. Con facilidad se puede analizar algo y concluir, «esto era así hace 100, 200 o 400 años».

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