Sentir el paso del tiempo

El inicio de año siempre me ha parecido sobrevaluado. Si nos fijamos bien, no cambia nada (pasar del 31 de diciembre al 1 de enero es lo mismo que pasar del 22 al 23 de agosto). Sin embargo, es una buena excusa para hacer varias cosas: viajar, dormir o reflexionar sobre los pasados doce meses.

Lo que más he escuchado en los últimos días es sobre lo rápido que pasa la vida. «Ya se fue otro año…», suspira uno con nostalgia; «¡qué impresión!, ya es enero de nuevo», observa otro con sorpresa. Pues no estoy de acuerdo. A mí se me pasa la vida a un ritmo que considero normal. Ni me asusta ni me aburre. Diciembre dura lo suficiente; enero, lo justo.

Una semana se puede analizar perfectamente; el final del mes (o de la estación, si eres de ese tipo de persona) es un buen momento para hacer un rápido balance de avances, logros o lo que sea que te interese.

Mis sugerencias para ver pasar el tiempo, sentirlo y hasta disfrutarlo (¡no más años esfumados!):

· No hacer propósitos de año nuevo (hacerlo sólo significa desilusiones inevitables).

· Ser más hedonista, aunque sea un poco. Serlo intencionalmente, con el propósito de ver qué pasa, de ver qué se siente. Observar cuidadosamente la reacción.

· No compartir la prisa de los demás. ¿Estás rodeado de personas que van de prisa, que siempre tienen algo que hacer? Aléjate de ellos o, si no puedes, ríete de ellos: eso te dará perspectiva. Finalmente, si tú eres de los que se asustan con lo rápido que pasa el tiempo, lo primero que podrías hacer es no sumarte a esa rápida velocidad.

· Paga por sensaciones, no por productos o servicios. Los productos o servicios están al alcance de todos. La edición de las sensaciones, no. Descubre qué te hace sentir bien y usa tus medios para llegar ahí. (Pssst: tal vez no lo sabes pero posiblemente lo que te haga sentir bien es dejar de adquirir productos y servicios.)

· El capitalismo no irá a ningún lado, al contrario, toma cada vez más fuerza. Siente y disfruta tu pequeño o gran poder económico: cómprate cosas y celébralo, invierte en un proyecto personal, regala algo en la fecha menos esperada.

· Deja de atender compromisos para quedar bien. La próxima vez que te inviten a un evento y sientas que tienes que decir que sí por compromiso, manda una nota que diga algo como «lo siento pero a esa hora estaré viendo la tele / leyendo un libro / escuchando La hora nacional».

· Encuentra una actividad offline que hagas tú solo y respétala: escucha un programa de radio o un podcast, escribe cartas de felicitación o de amor, haz caminatas, etc. La actividad no importa tanto, lo importante es que la hagas tú solo y que olvides el celular mientras la realizas.

· Disfruta los procesos de las cosas que hagas. Si te lavas los dientes, piensa y siente que te estás lavando los dientes (no te pongas los zapatos mientras te lavas los dientes); si cocinas, observa los colores de lo que estás usando para cocinar y entiende por qué primero haces una cosa y no otra (en la cocina, el orden de los factores sí altera el producto); si tienes que hacer una presentación aburrida en tu trabajo, no te concentres tanto en la presentación: mejor piensa en esa parte del proceso que tú puedes controlar y alterar para hacerla menos aburrida.

· Por último, y sólo si eres alguien muy tenaz, sugiero encontrar una actividad que se repita todos los días, algo que no te tome mucho tiempo pero que puedas hacer los 365 días del año a la misma hora. Puede ser lo que se te ocurra, desde guardar un minuto de silencio todos los días de 8.00 a 8.01 hasta llevar un diario de todo lo que comes (sólo por la necedad de hacerlo). En ese pequeño e insignificante proyecto te darás cuenta del tiempo: forzarás una pausa de 60 o 120 segundos para cumplir con tu pequeño ritual que te dirá: este eres tú, hoy es tal día de tal mes de tal año, siéntelo, sé consciente de ello.