Lo mejor y lo peor del 2010

Lo mejor del 2010, para mí, fue la explosión del volcán Eyjafjallajökull: hizo posible lo imposible; nos regaló una visión de un mundo primitivo en el que la tecnología y el dinero no existen (se cancelaron más de cien mil vuelos). Qué pena daban todas esas personas que lo transformaron en dramas catastróficos, los que temían un despido, los que tenían que estar en un lugar sí o sí («cuestión de vida o muerte»). Ahora, a menos de un año, sabemos que nadie perdió su trabajo por eso, que no empeoró ni mejoró la mediocridad de nadie, que nadie murió por llegar una o dos semanas después a su destino. La gente ya ni recuerda a qué tenía que regresar, qué era eso tan urgente que no podía hacerse sin ellos.

Lo peor del año fueron los viajes aéreos y todo lo relacionado con ellos: los viajes al aeropuerto, la comida del aeropuerto, los sobrecargos, los pilotos, el servicio a bordo, las neo-familias clase-media-alta a punto del divorcio que viajan con hijos menores-de-siete sin nigún tipo de educación, la manía de todos los pasajeros por estornudar y toser como locos, los retrasos, las mentiras de las aerolíneas, el personal de mostrador, los boletos beneficio, la acumulación de millas, los call-center de las aerolíneas, los sitios web de las aerolíneas, los impuestos al combustible… Lo miserable que es estar a 32 mil pies con una sobrecargo con sobrepeso, sin desmaquillar del día anterior, con media peluca sucia, con un patético sentido de su profesión, con una vida desgraciada, que lo único que sabe hacer es justo lo opuesto a lo que debería.

2 pensamientos en “Lo mejor y lo peor del 2010

  1. perdón mi ignorancia pero me cuentas donde queda el volcán? es que soy de Argentina y aquí no se hizo mucho alarde de eso, al menos donde yo vivo. parece que me perdí un gran suceso.

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