Libros y revistas de papel

Tener revistas o libros es compartirlos, moverlos de lugar, saber que existen; verlos al lado de la cama o en la sala; que sean amarillos, rojos, etcétera; cuidarlos porque son objetos que deben tener una vida larga y útil. Los verá un amigo, luego otro, luego otro; luego tal vez vayan a la oficina y pasarán por muchas manos y crearán reacciones. Los libros podrían no abrirse durante años pero ahí están, formando una biblioteca, aportando la misma certeza que la del día en que llegaron. Se pueden prestar y regresan. Se regalan; se limpian. Algunos trascienden el tiempo. Algunos comparten sus contenidos (se subrayan, se marcan con separadores, se doblan sus páginas). Lo digital no. Las revistas digitales podrían emocionarme pero ya no podría compartirlas ni llevarlas, ya no me serían entregadas. Y eso no me atrae pues habrán perdido una de sus dimensiones, una que disfruto mucho.