No hacer nada

La explosión del volcán islandés y el cese de operaciones aéreas que causó me ha divertido mucho: hace evidente que el futuro y sus virtudes (tecnológicas, etc.) no nos hacen más felices ni más fuertes sino más dependientes y vulnerables ante sistemas que nadie puede garantizar que funcionen. Nos esclavizan; no nos liberan.

Este año he disfrutado, más que en otros, las horas en las que no tengo nada que hacer. Busco ese tiempo deliberadamente. Busco confiar en pequeñas rutinas que sólo yo entiendo y disfruto —y que pueden durar horas o días.

El caos que causó la nube de cenizas me hace gracia; pero más gracia me hacen las personas que, atrapadas en él, buscan por todos los medios regresar a su trabajo lo antes posible. ¿Habrá una razón válida para esto —para este sentido de urgencia— en el largo plazo? No. No la hay.

Lo que menos disfruto de Nueva York es el sentido de la urgencia —no sé de qué— que se siente siempre, a cualquier hora, cualquier mes del año.

Las reflexiones que más recuerdo se originaron silenciosamente, mirando a través de una ventana en movimiento en la carretera, sin darme cuenta que estaba pensando. Las ideas que desarrollaré en el día o en las siguientes semanas aparecen de la nada sobre un lienzo blanco en los minutos que transcurren entre despertarme y abrir la regadera.

Es algo cultural la sensación de urgencia. Sé exactamente de dónde viene la mía, quién la sembró en mí, cuándo, por qué. Ahora comienzo a combatirla, a (tratar de) revertir esto que fue heredado y que no quiero. No quiero hacer nada rápido ni hacer nada urgente. La mayoría de las veces es simplemente desagradable.

Observar no es hacer. Caminar no es hacer. Incluso fotografiar no es hacer. Incluso viajar no es hacer.

Los enlaces que deberían de acompañar a esta reflexión son estos:
In Praise of Idleness, by Bertrand Russel.
La Vie D’Ennui, de Colin Bisset.
The Cult of Busy, de Scott Berkun.
Labor Has Its Own Schedule, de Lewis Hyde.
Donald Trump’s Daily Routine, de Donald Trump.

2 pensamientos en “No hacer nada

  1. Estas reflexiones se han vuelto cotidianas, por lo menos para mí, y “los ratos de no hacer nada” esos momentos lentos, a veces himnóticos son los que completan mi día, donde caigo en cuenta de si es necesario invertir tanta energia cuando las motivaciones y urgencias las inventamos para justificar la existencia, el estar…?

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