La fiesta de La Candelaria en Tlacotalpan

No he escuchado de otro pueblo en el que la Virgen salga del templo y dé un paseo por el río. Seguro hay, pero no he escuchado de ningún otro. En Tlacotalpan (Veracruz) eso pasa cada dos de febrero, día de La Candelaria, patrona de la comunidad. Cien o doscientas embarcaciones la siguen durante unas horas. Tlacotalpan está hecho un desastre esos días, pero vale la pena vivirlo, porque no se parece a nada.

Hay, además, una gran festival internacional de musica que se lleva a cabo los mismos días, con el característico espíritu costeño, así que derepente uno se encuentra hablando con una colombiana o una oaxaqueña que han ido hasta ahí a enamorarse unos días, a escuchar la música veracruzana 24 horas y a dormir en tiendas de campaña puestas donde sea que haya pasto.

Muchísimas casas convierten sus salas o comedores en cenadurías improvisadas —o cantinas— en donde se venden las especialidades del puerto. Nosotros nos instalábamos por horas en una tienda de artesanías, convertida en bar, para poder palpar detalladamente el microcosmos de esos días.

Procesión en el Papaloapan

Procesión en el Papaloapan

Sí: la lancha de remos, los colores del pueblo, la fiesta tradicional, los dulces de almendra en la plaza, el pescado fresco, la ausencia de moscos, los vastos desayunos, la procesión por el río, la danza y el movimiento, las papas fritas al instante, el son jarocho.

No: los toros, las lanchas de motor, el ruido que devasta, la fiesta popular, el PRI, el estrato 16-25 años, los borrachos en caballo, los servicios municipales desbordados, la música de los puestos, los vendedores de lentes.