Sólo las formas cambian

Raquel es una mujer mayor que vive en un rancho en donde no hay telefonía fija ni servicio de correo. Va al pueblo más cercano entre dos y cuatro veces por semana. Sus visitas a veces son cortas, pero la mayoría de las veces son bastante largas, dos horas, cuatro horas, hasta seis horas. Compra todo lo de la semana, paga los servicios, va a la oficina postal, a la iglesia, a los talleres de reparación de ropa y calzado, a visitar a uno que otro amigo enfermo, a alguna oficina pública a realizar un trámite, a los bancos, a la papelería, a la librería, a invitar a alguien a algún evento, a entregar cosas, a realizar alguna reclamación, a llamar por teléfono a sus hijos; en fin, a realizar todas las gestiones que tienen que hacerse para vivir. Entre una diligencia y otra, se encuentra con medio mundo: todos se conocen, pero, sobre todo, todos la conocen. Como el pueblo es pequeño, la mayoría de estos recorridos los realiza caminando mientras su esposo la espera en el auto. Las horas de espera son tormentosas porque él no puede caminar mucho y porque su esposa tarda más de lo que él considera normal.

Otra Raquel, hija de la Raquel del párrafo anterior, vive en una gran ciudad. Navega varias veces por semana en internet, a veces en su computadora, a veces en su teléfono móvil. Visita Facebook, gusta de algunas cosas que ve ahí, comenta en otras, comparte otras, se hace fan de páginas, confirma asistencia a eventos, crea invitaciones, las envía; sube fotos a Flickr, les pone nombres y etiquetas, revisa las nuevas fotos de sus amigos; pide el súper, compra también en Amazon, eBay, en otras tiendas de libros y en iTunes —y de vez en cuando corre el riesgo de comprar en pequeñas tiendas que tienen precios en euros—: todo esto lo recibe en su casa en unas horas o en unas semanas; usa el Gmail y el Yahoo constantemente —depende para quién— escribe, responde, reenvía, borra, relee, archiva; también escribe en su blog y lee otros blogs; ve videos de amigos, de sus bebés, de los conciertos a los que no fue; entra a su banco en internet, paga cosas, transfiere, confirma las transferencias por teléfono, revisa los pagos que se aproximan; chatea, se pone de acuerdo para en la noche, para el próximo fin, para el próximo viaje.

Yo convivo con las dos, de vez en cuando, y participo de algunas de las actividades que he mencionado aquí. No podría decir con quién disfruto más; me siento muy atraído por ambas formas de resolver las necesidades sociales y administrativas.

2 pensamientos en “Sólo las formas cambian

  1. Hoy me identifico más con la forma de vida de la hija, pero definitivamente cuando sea mayor quiero vivir como la madre.
    Feliz año nuevo a toda la familia, que el 2010 les traiga muchas bendiciones.
    Gracias siempre!

  2. Hola Jacobo,

    Honestamente no tengo idea de cómo llegué a tu blog y Flickr, pero me da un gusto enorme haberlo hecho! Estoy recién llegada en Querétaro con Manuel mi esposo y nuestros dos hijos casi adolecentes de los bosques de la zona de la Marquesa en el Estado de México. Soy gringa pero de corazón mexicano, diseñadora gráfica y me dedico a la illustración.
    He encontrado tanta información valiosa en tu blog que quería agradecerte! Este blog y queretaro.travel han hecho que este tiempo de trancisión haya sido de lo más placentero. Estamos felices aquí. Quisiera después pedirte algunos tips sobre dónde comprar mis materiales de arte, me siento un poco perdida sin Lumen…if you know what I mean😉 Si pudieras escribirme a mi email te estaría super agradecida.
    Muy feliz 2010! y gracias nuevamente!

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