Lecturas no obligatorias

A través de Julieta llegué al poema de la cebolla de Wisława Szymborska, y a través de ese poema llegué a un libro de prosa muy especial: Nonrequired Reading. Fue escrito en 1992 por la Nobel polaca y traducido al inglés en 2002 por la Editorial Harcourt, en los Estados Unidos. Silva-Herzog escribió en ese entonces acerca del libro:

¿Pero qué hay de los libros de carpintería? ¿Quién comenta el trabajo de un escritor que ha redactado un manual para redecorar tu departamento? ¿Qué atención literaria recibe un libro titulado Relajación: los 101 consejos de la sabiduría?

Szymborska se ha encargado durante años de reseñar esos libros menospreciados. Así, en Nonrequired Reading, comenta libros sobre accidentes domésticos, momias, la salud de los perros y la niñez de los animales. Instructivos para tapizar la casa o libros que contienen útiles tips de belleza son comentados por la poeta. No son reseñas, dice. Son bosquejos, divagaciones, excursiones, pretextos para hablar de cosas entrañables.

No pude encontrar una versión en español; supongo que no existe. Así que, para compartir uno de esos bosquejos, me atreví a traducirlo al español, con todos los riesgos que eso implica. Espero no haber pecado de ambicioso. Szymborska escribe sobre un libro de finales de los años sesenta llamado La vida diaria en la Varsovia de la Ilustración.

Soñar

Soñamos, ¡pero de una manera tan descuidada, tan imprecisa! «Quisiera ser un ave», diría alguien. Pero si el complaciente destino lo convirtiera en un pavo se sentiría traicionado. Después de todo, no era lo que él había pensado. Peligros todavía peores están relacionados con el tiempo. «Me gustaría despertar en la Varsovia del siglo dieciocho», pensarías de manera desenfadada, imaginando que con eso es suficiente. Que naturalmente no terminarás en ningún otro sitio sino en los salones de su majestad Stanislaw Poniatowski, quien te tomará del brazo con una amable sonrisa y te llevará al comedor a uno de sus famosas Cenas de los Jueves. Habrás más bien caído en el charco más cercano. Tan pronto como te hubieras incorporado, un carruaje jalado por ocho caballos pasaría por ese callejón y te arrojaría, aterrorizado, hacia la pared, y te cubriría de lodo de pies a cabeza de nuevo. Y está tan oscuro que no puedes ver tu propia nariz, no sabes hacia dónde ir, tropiezas entre los patios de atrás de varios palacios, en medio de un caos de caminos sin pavimentar, montones de desperdicios y casuchas destartaladas. De pronto, unos rufianes salen de la oscuridad, amenazantes, y te toman por la chaqueta. No estoy escribiendo una novela, así que no tengo que inventar una manera de rescatarte de este predicamento. Es suficiente con decir que ahora estás sentado en una taverna, en donde te sirven un asado pero en un plato sucio. Porque tú se lo has pedido, el encargado de la taverna se saca la camisa del pantalón y comienza a limpiar el plato hasta sacarle brillo. Cuando le expresas tu indignación, te dice que debiste de haber crecido en un lugar lejano para no saber que así es como el principe Radziwill atiende personalmente a sus damas. En el hotel, sin haberlos convencido de que te den un poco de agua para lavarte, te dejas caer en el colchón y las chinches se vuelcan sobre ti. Por fin te quedas dormido, casi al amanecer, pero pronto te despiertan unos gritos pues alguien en el segundo piso ha iniciado un incendio. Sin esperar a los bomberos, que aún no han sido inventados, saltas por la ventana y, gracias solamente a unos fétidos montones de basura en el patio, no te rompes el cuello sino la pierna. Un peluquero inexperto te cura la pierna sin darte un analgésico. Puedes sentirte afortunado si no te da gangrena y los huesos se unen correctamente. Cojeando un poco, regresas a tu época y compras el libro con el que debiste de haber comenzado: Daily Life in Enlightenment Warsaw. Te permitirá recuperar el balance adecuado entre la prosa y la poesía de aquellos tiempos.

Daily Life in Enlightenment Warsaw por Anna Bardecka e Irena Turnou, Varsovia: Pasnstwowy Instytut Wydawniczy, 1969.

Compré Nonrequired Reading en Abebooks, de pasta dura, por un dólar y treinta y cinco centavos, usado, como Official Discard de la librería del condado de Sonoma. Más de cien libros son comentados por Szymborska en esta obra; les da vida; los trae, elocuentemente, al primer plano de su escritura, desde adentro: lo contrario a escribir una reseña sobre ellos. Podrían ser prólogos, unos prólogos muy halagadores.