Casi cien años después

El fin de semana me encontré con este texto (que transcribí de una grabación). Se puede vislumbrar cómo fue mi abuelo paterno en los últimos años de su vida, qué cosas recordaba y cómo las recordaba —y cuál es su significado actual. Su infancia, su familia, la gran diferencia de esa vida con el presente —¿cómo sería esta narración en 2109 si mi abuelo hubiera nacido en 2005 y yo en 2076?

Un 23 de febrero, salieron del puerto de Génova cerca de 300 familias italianas con destino a México. El general Porfirio Díaz había mandado llamar a esta gente para que vinieran a enseñar a trabajar a los mexicanos.

El 26 de marzo, llegaron a Veracruz y de ahí se dirigieron a Cerritos, en el estado de San Luis Potosí. Como no tenían transporte, tuvieron que irse caminando y tardaron varios meses en llegar.

Al encontrarse ahí, formaron una comunidad en la colonia Carlos Diez Gutiérrez, debido a que encontraron mucha agua, pero años después, esta colonia se quemó y muchos habitantes se fueron, buscando otros lugares, pero los que se quedaron volvieron a levantar sus casas, hechas de palos y palmas, con muebles hechos de tablas que cortaban de los encinos y trenzas de palma, con las que también se hacían sus sombreros; usaban ropa de mezclilla —que cosían las mujeres— y dormían en colchones rellenos de hojas de maíz y almohadas de plumas.

Se alimentaban de la leche que obtenían de su ganado, de los venados que cazaban y los guajolotes silvestres. Cosechaban maíz y frijol, que vendían en el pueblo más cercano a 50 centavos la media carga (75 kg); además, hacían quesos que vendían a 5 centavos, pero se los pagaban a sólo 3 centavos en mercancía.

Se dedicaban, además, a ordeñar vacas, trabajo que realizaban los niños y mujeres desde pequeños —¡algunos desde los tres años! Tenían caballos, pero el ejército se los quitó en la revolución, por lo que adquirieron burros y mulas como nuevos medios de transporte. Tenían carretas, pero sólo las utilizaban para arar la tierra con ayuda de los bueyes. Cortaban leña para la comida y molían el maíz en el metate porque no había luz.

Los niños jugaban a la roña y ya existían las resbaladillas, sólo que eran demasiado grandes porque eran desde arriba hasta abajo del cerro, y les rompían los pantalones.

Había bailes en los que los mexicanos tocaban las guitarras y los violines y las mujeres bailaban sobre tablas.

Hubo un ciclón que destruyó todas las casas, dejando sólo dos hechas de piedra que existen hasta la actualidad, casi cien años después.

Información obtenida del señor Domingo Zanella Lorenzini, alrededor del año 2000.

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