Angustia y antídoto a la vez

Esta colección de 12 videos de las procesiones de Semana Santa en Antigua, Guatemala, está recién terminada y publicada, aunque el viaje fue en 2007. Los videos son simples, duran menos de un minuto y no tienen ninguna posproducción, pero muestran, mucho mejor que las fotografías, lo que sucedió en Antigua durante esos días.

Miles de hombres, mujeres, niños y niñas participan en los eventos religiosos de tan peculiar Semana Santa. Cargan plataformas sobre sus hombros y recorren con ellas las calles, meciéndolas de un lado a otro, para atrás y para adelante. Hay procesiones de unas horas pero hay otras que inician de noche, en la madrugada, y se prolongan hasta la siguiente noche, sin detenerse un minuto.

La primera que vi (el video número 1) fue el Jueves Santo, como al mediodía, en la iglesia de San Francisco. Recuerdo muy bien todo. Estábamos al lado de la prensa internacional, esperando por más de una hora a que comenzara la procesión. Yo no tenía ni idea de lo que iba a ver, escuchar u oler. Pero recuerdo que cuando inició, yo no sabía a quién ver, si a casi cien personas levantando un pequeño edificio que parecía pesar toneladas o a los fotógrafos de todas las lenguas, que de inmediato bajaron sus cámaras porque no podían creer lo que estaban viendo ni podían fotografiarlo porque, simplemente, necesitaban verlo con sus propios ojos para comprenderlo —no a través del lente de una cámara.

Durante cuatro días hubo procesiones sin parar. Y marchas fúnebres. Los días, las noches y las madrugadas estaban saturadas de ellas. Y sin embargo, nunca pudimos sanar nuestra obsesión por estar ahí. Había que ver cómo cargaban esas plataformas, cómo las sacaban de las iglesias, cómo las regresaban, cómo nos envolvían con nubes de incienso, cómo recorrían el pueblo y salía mucho humo blanco de ellas que no podía ocultarse, por más negro que fuera el cielo y por más lejos que estuvieran de nosotros. Ver videos.